
Se venía avisando y va a suponer el primer gran síntoma de la ineludible crisis económica. Los pequeños empresarios del sector del transporte, así como algunos pescadores (que incluso llevaban secundando el paro desde hace días), viven hoy su primera jornada de paro general contra los altos precios del combustible. Su subida se sitúa en un 20.1% en lo que llevamos de año y ha producido un aumento de los costes que coloca a los pequeños empresarios en una posición imposible frente a las grandes empresas del sector. Desde esta madrugada, los piquetes han provocado paros en La Jonquera (AP7), en la frontera del País Vasco con Francia, colapso de la M-40 de Madrid y en la zona de Ribarroja de Valencia, entre otros. Los principales mercados mayoristas de Madrid, Barcelona, Valencia y Sevilla también están afectados. Además, durante el fin de semana se han registrado colas de gente con temor al desabastecimiento en gasolineras y supermercados.
¿Quiénes convocan? El paro no tiene el apoyo de la principal patronal del sector, la Confederación Española de Transporte de Mercancías (CETM), que agrupa a grandes empresarios e intermediarios. Sí apoyan el paro la segunda patronal, Fenadismer, con unos 70.000 vehículos de 381.000 registrados, Confedetrans, la Asociación Nacional de Transportistas Internacionales (ANTID) y la Unión de Profesionales, Trabajadores Autónomos (UPTA) y la Plataforma de Defensa del Transporte (formada recientemente, al margen de la patronal)
El brutal aumento del precio del combustible afecta de manera singular a los pequeños empresarios. Los grandes del sector subcontratan a otras empresas y a trabajadores asalariados, multiplicando sus beneficios a través de la reducción de salarios. También hacen un mayor uso del crédito, aumentando el riesgo, que el que los pequeños se pueden permitir. Solo un 6% de las empresas tienen en sus manos el 80% de los servicios de transporte de mercancías. De esta manera las grandes empresas han conseguido multiplicar sus beneficios durante todos estos años a costa de los “peces” más pequeños, a pesar del aumento del precio del petróleo. El precio de coste del servicio aumenta por el encarecimiento de la materia prima, pero a través de la subcontratación, la reducción de salarios y el crédito las grandes empresas consiguen mantener el precio del servicio. Los pequeños autónomos del sector no pueden hacer frente a esta competencia.
Por esto, les piden al Gobierno que garantice un beneficio mínimo, reduzcan los impuestos del combustible y se controlen las relaciones de los autónomos con las grandes empresas, ya que realizan un servicio público indispensable para la economía. Por boca del director general de Transportes por Carretera del Ministerio de Fomento, Juan Miguel Sánchez, el Gobierno se ha negado a estas peticiones, proponiendo una serie de medidas como la posiblidad de revisar los contratos de las empresas durante su año de vigencia para ajustarlo a las variaciones del precio del combustible, así como indemnizaciones a los autónomos “de avanzada edad” que quieran abandonar la actividad (destinando para ello un presupuesto de 55 millones de euros) Julio Villaescusa, de Fenadismer, ha criticado estas medidas declarando que ya venían negociándose desde hace tiempo y que el paro comenzó el día de hoy.
Juan Miguel Sánchez tiene otro argumento más para negarse a las peticiones de los autónomos: no hay que proponer “medidas imposibles“, la única fórmula posible es aquella que “no altere la economía de mercado“. Es el propio sistema de libre mercado, el crudo capitalismo, el que ha colocado a una minoría de grandes empresarios en una situación de dominio, aplastando a una masa de pequeños autónomos que no pueden hacerles frente. El problema que tiene el Gobierno es que es imposible resolver el problema de estos pequeños empresarios (que no es sino una de las ramificaciones de una crisis mundial y estructural) sin tocar los cimientos del sistema capitalista, puesto que es la propia lógica del libre mercado la que ha llevado a esta situación. Solucionar un problema sin atajar su raíz es, precisamente, la madre de las “medidas imposibles“. Esta excusa (con todas las diferencias concretas del tema del que hablamos) recuerda a la actuación de la Junta de Andalucía con respecto a la deslocalización de la factoría de DELPHI en Puerto Real, cuando el consejero de Empleo, Antonio Fernández declaró que este es el sistema de la libre empresa, los que se quieren ir se van y no se puede hacer nada. Esta postura hizo que la Junta no moviera un dedo para solucionar la crisis y se destruyeran miles de puestos de trabajo, en definitiva: cualquier medida superficial que se pretenda para solucionar un problema estructural quedará reducida a agua de borrajas. En esta caso el problema estructural no es otro que el sistema capitalista.
El paro en el sector del transporte pone sobre relieve una cuestión más: la separación de las capas más bajas del empresariado (en este caso del transporte) de las capas superiores, que representan los grandes propietarios. De hecho, la situación de los autónomos en paro está provocada por los grandes del sector, que, precisamente, no apoyan el paro. Tampoco es causalidad que este movimiento se produzca a la par de muchos otros de trabajadores asalariados (conductores del TMB en Barcelona, Metro de Madrid, profesores Madrid y Andalucía, etc…), aunque los motivos y las reivindicaciones concretas sean en principio diferentes. Son las consecuencias de un sistema económico que prefiere la especulación a la producción, que eleva a una minoría cada vez más reducida pero más rica y poderosa sobre el resto de la sociedad. La lógica del beneficio es la que lleva al cierre de empresas y a la privatización del sector público, pero es también la que acaba marginando al pequeño empresario y arruinándolo. En este sentido, los pequeños empresarios del transporte están más cerca de las masas asalariadas, de la clase obrera, que de los estratos más elevados de su propia clase.
Por eso, la lucha de los pequeños empresarios puede y debe confluir con la del resto de trabajadores y trabajadoras que están viendo destruir sus puestos de trabajo, reducir sus condiciones y perder su capacidad adquisitiva. Es la hora de los cantos de sirena: el Partido Popular utilizará el paro de los transportistas como ariete contra el Gobierno, sin embargo, el PP es el partido de los grandes empresarios, de los banqueros y los terratenientes, no podrá proponer ninguna solución factible que atente contra los intereses del stablishment. El PSOE ha sido votado mayoritariamente por jóvenes y trabajadores, su Gobierno tiene la responsabilidad social de cumplir con los intereses de su base, pero será imposible hacer esto si sigue aferrado a la lógica del sistema. De esta manera, solo podrá servir para gestionar los negocios de las grandes empresas, y ni siquiera, como vemos, de toda la burguesía, sino exclusivamente de los sustratos más parásitos y explotadores.
Es cierto que el pequeño empresariado realiza un servicio público esencial. No obstante, la des-fiscalización (reducción de los impuestos) del precio del combustible no hace sino aplazar y engordar el problema futuro. Así fue cuando tras la crisis de los 70, cuando se llegó a reducir en un 99% los impuestos sobre el combustible. La regulación de las relaciones entre el pequeño autónomo y la gran empresa tampoco asegurará nada. El Estado debe expropiar, indemnizando en caso de necesidad comprobada, ese pequeño porcentaje de grandes empresas que controla el mercado, para unificarlas en una única empresa de transporte público de mercancías que pueda tratar con justicia con los empresarios autónomos. Además, esta empresa pública debería colocarse bajo la administración de sus trabajadores mediante la elección y la revocación democrática.
Una medida de este calado no puede venir solo de la lucha de los pequeños empresarios, ni ser la única en su especia. Es necesaria una Huelga General que exija al Gobierno un comportamiento adecuado a los intereses de quienes les han votado. Para esto es necesario que CC.OO y UGT actúen como verdaderos instrumentos de la clase obrera y se pongan al frente de la lucha para evitar que los platos rotos de la crisis económica la paguen los trabajadores.
Referencias:
http://www.elmundo.es/mundodinero/2008/06/08/economia/1212955722.html
http://www.elmundo.es/mundodinero/2008/06/08/economia/1212938851.html
http://economy.blogs.ie.edu/archives/2008/06/debe_el_gobiern.php
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