En Irlanda, el “NO” al Tratado de Lisboa aventaja al “SÍ” en intención de voto en cinco puntos. Estos datos, dados a conocer por la encuesta de TNSmrbi para Irish Times publicada ayer, dejarían a ambas posturas con un 35% y un 30% de intención de voto respectivamente. El resto lo forman los indecisos, que acabarán decidiendo si Irlanda da o no un nuevo varapalo al “proyecto europeo” el próximo jueves, cuando se celebra el referéndum. El 7% ya asegura que no irá a votar.
Los agricultores parecen ser los más reacios al Tratado, ya que piensan que repercutirá negativamente en las ayudas que reciben de la UE. El resto de la población tampoco tiene demasiadas ilusiones.
El Tratado de Lisboa vino después del aborto a la “Constitución europea” que provocaron las negativas de Francia y Holanda. Supone un texto menos ambicioso pero idéntico en el fundamento: la promoción de una Europa de las grandes empresas, en la que los derechos económicos estén por delante de los derechos sociales, civiles y políticos. Entre otras cosas, un respaldo legal al desmantelamiento de las empresas públicas mediante la privatización, un proceso que lleva años desarrollándose en Europa y que acarrea perjuicios para los trabajadores y suculentos beneficios para los capitalistas.
A pesar de la incesante propaganda institucional hecha a favor de la Constitución Europea, prácticamente sin voz discordante, los trabajadores franceses frustraron la intención de darle un barniz pseudo democrático a aquella reaccionaria “ley”. Fue un no a un proyecto raro, que tenía mucho que esconder, y que olía a privatizaciones y recortes, pero también un no a la política del gobierno. Después vino el no holandés, y con él el fracaso definitivo. En un intento de colar el tratado por la puerta de atrás idearon el Tratado de Lisboa (ya ven que según los voceros de las multinacionales Chávez no puede plantear dos veces un tratado-ley-referendo, pero ellos claro que sí) Ahora una posible negativa irlandesa podría echar por tierra los planes.
El ex presidente del Parlamento europeo, Enrique Barón, se queja: “no tiene sentido someter este tipo de procesos del que dependen casi 500 millones de personas a la ruleta rusa.” Es decir, que no tiene sentido que los trabajadores, los jóvenes, los currantes, decidan sobre las grandes cuestiones políticas, no vaya a ser que voten contra las estrategias comerciales de las multinacionales. En definitiva, que es mejor que voten esos laureados diputados y eurodiputados, alejados de las masas y sus problemas, y tan cerca de los magnates de tal o cual banco o industria. En estos se puede confiar, no en los millones de trabajadores a los que afectan estas medidas y que, cuando se molestan, resultan toda una ruleta rusa.
No tiene ningún sentido clamar por un proceso autárquico, de aislamiento internacional, y más en los tiempos que corren. Una unión de los pueblos, y en este caso de Europa, debería ser bienvenida… ¿Pero acaso los capitalistas son capaces de borrar las fronteras nacionales, más allá de crear alianzas aduaneras temporales? ¿No demuestran los procesos que estamos viviendo, que la burguesía es incapaz de prescindir del Estado nacional? ¿Qué son ellos quienes han creado las fronteras, y las necesitan para enfrentar al resto de burgueses contra los que compiten comercialmente?
Necesitamos la unión de Europa, y con ella la de todos los pueblos, y eliminar las fronteras nacionales, que solo son vestigios de la barbarie. Pero esto jamás será posible bajo el sistema capitalista, que es el sistema de las fronteras, de las guerras imperialistas, la opresión y la explotación. La unidad internacional solo es posible mediante la libertad (esto es, la libre elección de los pueblos y las naciones), la solidaridad, el bienestar y la democracia plena. Y esto solo puede aportarlo el Socialismo.
Noticia vista en El País.
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