El ejemplo de Marinaleda (Sevilla, Andalucía) es emocionante. Es una demostración empírica de cómo la lucha consciente y organizada del conjunto de los trabajadores para mejorar sus vidas puede acarrear grandes victorias. Estos trabajadores, jornaleros en su mayoría, con su alcalde al frente (Sánchez Gordillo, de la CUT, Izquierda Unida) han tomado la política como algo suyo, natural y, sobre todo, útil para mejorar su nivel de vida. Se trata de una lucha de más de tres décadas, en la que han conseguido expropiar tierras a los terratenientes del lugar (tierras que ahora son suyas y trabajan para beneficio propio), la mejora de las infraestructuras del pueblo, servicio de guardería barato, viviendas asequibles (mediante el dominio público del suelo y la autoconstrucción) y participación directa en la política local… En esta lucha se encuentra la esencia del Socialismo: organización, participación directa de los trabajadores, la política como una forma de protagonismo de la clase trabajadora orientada hacia la destrucción de este sistema y la construcción de uno más justo. Por supuesto, la lucha de Marinaleda es una parte de una lucha global, y la única garantía de supervivencia de esta maravillosa hazaña, es su extensión y su profundización.
Pongo el reportaje que hizo hace poco RTVE sobre la lucha de Marinaleda.